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lunes, 29 de junio de 2009

De Ariadnas, pavitos, mosquitas muertas y otras especies...

Son esas personas que nos envuelven con una liviana tristeza que no nos pesa. Nos inspiran ternura por su aparente fragilidad. Son dulces, atentas y comedidamente aduladoras. Te agradecen siempre tu atenta escucha y te hacen sentir una persona especial. Realizan un trabajo fino con sus hábiles dardos que justo dan en la diana de tu autoestima.
Estas personas se declaran poca cosa y te hacen saber que desde que te conocieron, sabían que un hilo invisible las unía a ti. Nos cuentan su vida poco a poco, sin prisas, lentamente. Te inyectan sólo lo justo, en pequeñas dosis, suavemente, de manera imperceptible. Eres parte importante de sus vidas. Te sientes comprometida.
Como Ariadna, te regalan el ovillo para que tú desenredes poco a poco tus emociones y sentimientos. Son listas, tú tienes el ovillo y ellas tiran del hilo…
Son pacientes, persistentes, con un solo objetivo que ocultan con calculada habilidad. Nada piden, nada exigen, no quieren ponerse pesadas, sin embargo, de repente, estás en el centro de su empalagosa telaraña.
Pero ¡ay! si no respondes a sus expectativas… Sus respuestas pueden ser variadas. Algunas se sentirán ofendidas e incomprendidas; otras sacarán su lado oscuro y te fulminarán con su lengua viperina, otras recurrirán al chantaje emocional y te harán saber que se sienten decepcionadas.
Cuídate de esta tribu, sus rituales son peligrosos y sin darte cuenta puedes ser tú la mosquita muerta de su elaborada telaraña.

lunes, 16 de junio de 2008

La tribu del cansancio

Me cansan las personas eternamente cansadas. Esas que conocemos, que tenemos cerca. Se van arrastrando por la vida con el saco del cansancio ajeno. Nunca las verás estresadas ni apuradas por nada. Sólo de pensarlo se cansan. No tienen grandes preocupaciones ni contratiempos, pues sólo imaginarlos les provoca ese cansancio infinito que imprime a su vida un ritmo tedioso y amargado. Llevan el peso acumulado de los cansancios prestados.
Vienen de vuelta, con paso cansado, ya no se preocupan por nada porque nunca se han preocupado. Vomitan esa letanía cansina y repetida del "nopuedoconmivida". Están asqueadas y aburridas por la inmovilidad permanente que desde siempre está, tozudamente, instalada en sus vidas.
Invierten gran parte de su tiempo en espectaculares campañas publicitarias para vender su cansancio secular, acumulado tras largos años de entrenamiento diario. Critican con vehemencia a quien trabaja, se compromete o se divierte. Estas personas son hábiles en las distancias cortas. Si no estás alerta, te parasitan hasta el aliento. Te inoculan el virus del hastío y del aburrimiento. Siempre están ofendidas y enfadadas porque no reciben el reconocimiento merecido por los servicios prestados durante tantos años de rudo e intenso ejercicio dedicado a cultivar, con intensidad, esa atávica e inmemorial flojera por la vida, las amistades o el trabajo.
Las personas eternamente cansadas me disparatan, me enervan y sobre todo me cansan infinitamente. Lo dejo... estoy terriblemente cansada...