viernes, 4 de mayo de 2012

Y sigo Indignada

Hace tiempo que no escribo. Y es que la realidad política y social que envuelve  nuestro país me tiene secuestrada e indignada, cabreada. No estoy para juegos creativos con la que está cayendo. Los viernes se han convertido en viernes negros. Están destruyendo nuestro futuro, el de nuestros mayores y el de nuestros hijos.Me da miedo leer los periódicos  y encontrarme día sí y día también con noticias que nos informan de la destrucción de nuestros derechos:

El Gobierno bloquea las oposiciones para profesores de Andalucía:  a tomar por culo el dinero invertido y las horas de estudio ( minetras la reina Sofía ha ofrecido una cena en el Palacio de la Zarzuela a la reina Silvia de Suecia, que ha viajado a España junto a su esposo, el rey Carlos Gustavo, invitado a presidir en Madrid la 63 reunión de la Fundación Scout Mundial). El Gobierno niega la atención sanitaria a los 'sin papeles': claro son ilegales y los causantes de la ruina del Estado. El copago sanitario supone“cuatro cafés al mes”: sin comentarios. Correa alega estrés para no declarar ante el juez por la visita del Papa, el pobre. ¡Qué lastima! Interior quiere imputar a partidos y sindicatos por daños de sus afiliados: que imputen a la Iglesia si algunos católicos se manisfiestan y causan daños, sería lo justo. Encadenarse con los brazos será atentado a la autoridad: si Gandhi levantara la cabeza...El Gobierno no tocará la transparencia de la Casa Real: es que si no se acabarán las cacerías, claro. Tras el perdón del Rey, el Príncipe trabaja y guarda silencio: sin comentarios. Las matrículas universitarias subirán hasta 540 euros más.: esto es una medida para que la población se forme y tenga cultura, que valoren lo que vale, ja. Tendremos que pagar por circular por nuestras carreteras: se acabo la fiesta, dicen estos miserables. El transporte público ha subido, la ratio de alumnos por clase y las horas lectivas aumentarán para mejorar la "socialización", rerepagamos las recetas médicas, nos quitarán el sueldo los días que estemos enfermos, subirá el IVA, nos bajan los sueldos, los jóvenes de más de 26 años no tendrán derecho a atención médica si no han cotizado, para colmo vivimos más años y eso es insostenible, la inseminación artificial no la cubrirá la seguridad social si las mujeres que lo demandan son "solteras", se recortan presupuestos para la investigación, para las universidades, para la ley de dependencia, los homosexuales van a ir al infierno, la reforma laboral que abarata el despido y nos esclaviza... Se criminaliza a los estudiantes, a los trabajadores, a cualquiera que no trague con sus desmanes.
¿Sigo? Nos cobrarán por respirar.
Pues no, no tengo ganas ni ánimo para inventar pero sí para luchar.

miércoles, 28 de marzo de 2012

29 M BLOG EN HUELGA GENERAL



 Este blog se adhiere a la convocatoria de huelga general en contra de la reforma laboral y por la defensa de los servicios públicos.

 

jueves, 15 de marzo de 2012

El cuaderno azul (III)

Empezó su particular ritual antes de leer. Pasó sus manos sobre el cuaderno. Su tacto era rugoso y áspero. Se lo acercó a la nariz. Olía a humedad como si hubiera estado largo tiempo metido en un lugar sin ventilación. Ya estaba preparada para leer aquellas páginas que se le presentaban amarillentas y medio roídas por el paso del tiempo.

Se percató que faltaban hojas que habían sido escritas y posteriormente arrancadas. Todavía podía leerse alguna palabra a medias.

Ojeó el cuaderno rápidamente y entre sus páginas encontró dos entradas del 13 de septiembre de 1936 para el Liceo de Barcelona. Tenían impresas las palabras “entrada gratuita”. Llegó a la conclusión que era un diario. Apenas había un par de páginas escritas con una caligrafía muy cuidada.

“13 de Septiembre de 1945”

Hoy ver la fotografía de nuestro primer baño en el mar, me ha dado ánimos para seguir tirando de una vida que se me hace insoportable. Es lo que hago todos los días. Me aferró a los buenos recuerdos porque es imposible vivir de otra manera. Quiero sostenerme con lo bueno que compartimos porque la realidad me ahoga y recordar me mantiene viva.

Hoy me he pasado la tarde remendando la escasa ropa que tenemos. Empieza a refrescar y no podemos gastar en nada que no sea comer. He sacado del armario el abrigo rojo. Sabes que paciencia no me falta y lo he descosido para la darle la vuelta y poder aprovechar la tela un invierno más. La verdad es que tiene un aspecto más decente. ¿Te acuerdas del abrigo? Ese que tanto te gustaba y por el que te enamoraste de mí. Eso era lo que me decías entonces, cuando me perseguías a todas horas contándome tus sueños. . Qué una muchacha con un abrigo rojo se te había aparecido en sueños y que entonces supiste que tu compañera de vida sería una muchacha con un abrigo rojo… ¡Qué embaucador!

Hoy he visto a Matilde. Está demacrada y triste. Creí que estaba enferma pero no es así. Pascual ha vuelto después de seis años sin saber nada de él. Dice que Pascual no es el mismo desde que ha llegado. No habla, no ha contado nada. No sabe si he estado preso o escondido todos estos años. El sábado los vi en el parque y él apenas movió la cabeza para saludarme. Sus bonitos ojos azules están sin brillo, apagados, fríos. Está muy delgado y parece que tenga veinte años más.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

El cuaderno azul (Captítulo II)


Era un viejo cuaderno, con las tapas de cartón azul. Con la mirada puesta en el vestíbulo de la estación, una mano dentro del bolso y el corazón en la boca, abrió el cuaderno y tocó lo que parecía una foto. Con disimulo y sin dejar de mirar lo que ocurría a su alrededor, pasó la foto del cuaderno a una de las revistas que había comprado.

Tenía el color sepia de las fotos antiguas. Una pareja de jóvenes posaba en bañador. Sonrió. Le dio la vuelta y en un sello algo borroso, pudo leer: Estudio Fotográfico Fotos Tamarit, Barcelona.

Ella no tendría más de veinte años. Llevaba un bañador, seguramente azul con rayas blancas que rodeaban las mangas, el cuello y el dobladillo, él era quizás algo mayor, alrededor de los treinta. Acababan de bañarse. Tenían los pies mojados y llenos de arena. Los bañadores se pegaban a sus cuerpos.

Levantó la vista de la foto, dio un vistazo rápido a la estación y respiró. No había nadie cerca. Observó la foto detenidamente y descubrió unas palabras escritas con tinta ya algo borrosa. Puedo leer:

“Nuestro primer baño en el mar"

Junio 1936”


Guardó la foto y se sintió mal. Pensó que estaba profanando la intimidad de esas personas. Se levantó y se dirigió hacia la cafetería donde encontró el cuaderno, pero estaba ya cerrada. Sus ojos inquietos buscaron entre las pocas personas que ya quedaban en la estación. Nadie parecía estar preocupado por haber perdido algo. Buscó entre las personas más ancianas, escrutando sus facciones por si encontraba algún parecido con la pareja de la fotografía. Nada.

Su mente se debatía entre entregar el cuaderno en la oficina de objetos perdidos o definitivamente decidirse a abrirlo y leerlo.

jueves, 15 de diciembre de 2011

El cuaderno azul (Captítulo I)

I

No podía creerlo. Había estado tan ocupada y emocionada preparando el viaje, que no se enteró de la huelga de los ferroviarios. Rebuscó su móvil en el bolso. Intentó llamar y nada, sin cobertura. Bueno, no cabía otra cosa que tener paciencia. Merodeó por la estación buscando un kiosco donde comprar chicles y alguna revista de esas que traen pasatiempos. Había traído un libro pero no le apetecía leer. Se sentó en una de esas incomodísimas sillas de plástico que hay en las estaciones modernas, puestas en fila, en las que la piel de las piernas se queda pegada como una lapa.

La estación estaba muy animada. Había mucha gente que deambulaba parándose en las pantallas donde anunciaban las entradas y salidas de los trenes. Caras de desesperación, de tristeza, de indignación. Cuando anunciaban la salida de algún tren, se ocasionaba un pequeño barullo, carreras, pisotones y algún tropezón inesperado.

Poco a poco la animada estación se quedó casi desierta. Estaba ya un poco aburrida y decidió probar suerte con su móvil. Salió a la calle. Hacía frío y tampoco tenía cobertura. Entró y se dirigió a una de las pantallas para comprobar si algo había cambiado. Nada, su tren seguía anulado. Tenía hambre y decidió entrar en una de las pocas cafeterías que aún quedaban abiertas. Comió un bocadillo y se pidió un café. Le dolían las piernas. Llevaba muchas horas sentada. Se agachó para masajearse los tobillos y vio un cuaderno tirado en el suelo.

Su primera intención fue entregárselo al camarero, pero la curiosidad la venció. Guardó el cuaderno en el bolso, pagó su consumición y como si hubiera cometido un crimen, salió del local apresuradamente.

viernes, 14 de octubre de 2011

El viaje

Estaba aterrorizada. Esperó hasta el amanecer para salir de casa. Lo había decidido. Tiró al contenedor su netbook, su ipod, su móvil, su play, su tablet... ¿Qué pasaría ahora? Tenía miedo. Había oído que muchos no regresaban. Sin embargo su decisión era irrevocable.
Y finalmente emprendió el viaje hacia el mundo real.

viernes, 26 de agosto de 2011

¿Dónde estuvo el error?

Siempre imaginó los nombres de sus hijas. Fantaseaba y pensaba que si tuviera tres hijas se llamarían Raquel, Irene y Esther.

Son esas extrañas intuiciones que se acomodan en el pensamiento y que finalmente se convierten en realidad.

No, seguro, ninguna llevaría su nombre. Jamás le gustó. Tampoco les pondría los nombres de sus hermanas, cuñadas, abuelas o suegra. Ella había elegido un nombre especial para cada una de sus hijas y las tuvo. Tres hijas, tres.

Sus nombres tan cuidadosamente imaginados se extraviaron en un oscuro y extraño laberinto de rencor que construyó implacablemente durante toda su vida.

Su primera hija llevó el nombre de su mejor amiga. Supuso una marca indeleble para toda su vida. Sí, su primera hija llevó el nombre de su mejor amiga. No, no era feo el nombre, pero resultó decididamente inconveniente. Siempre que llamaba a su primera hija, recordaba que era el nombre de la amante de su marido.

Mala suerte.

Cuando nació su segunda hija le rogó a su marido que eligiera cualquiera de los nombres que ella siempre había deseado. Él decidió soprenderla y a su segunda hija le puso su tan odiado nombre.

Decepción.

El nombre de su tercera hija no corrió mejor suerte. Se llamó como su abuela, la madre de su marido.

Rabia.

¿Dónde estuvo el error? Quizás en los nombres, pensó. Pero otras veces se consolaba pensando que eran hijas equivocadas de otra madre que andaba angustiada buscándolas desesperadamente.

Nunca le gustaron los nombres de sus hijas. Sus hijas, tampoco.

Tristeza.

Tristeza para todas, a partes iguales.